El día después de las crayolas del 2026
Hoy es un día de duelo para, al menos, un 30% de la sociedad costarricense.
Hoy se marca un hito amargo en nuestra historia: dejamos de ser la “excepción” democrática para convertirnos en un país más de Latinoamérica con tintes autoritarios. ¿En qué momento perdimos el norte? No lo sé con certeza, pero esto se fue cocinando por años, a vista y paciencia de muchos y ante la inacción de otros tantos.
Hoy no quiero hablar de que hay que tener esperanza ni de que talvez la cosa no sea tan mala. Hoy no tengo ganas de eso, no es mi momento; aunque se que llegará. Como alguien me dijo hoy: ya habrá tiempo para la Pachamama.
La verdad es que me cuesta escribir. Normalmente logro ver la luz al final del túnel, pero hoy solo veo la oscuridad de una decisión que nos va a pasar factura. Por eso, hoy elijo hablar desde mi enojo y mi frustración, dejando de lado la charla motivacional y el positivismo forzado.
Estoy furiosa. Me duele la ignorancia de quienes votaron por esa señora sin dimensionar lo que esto significa; no para mí, sino para todos. Me aterra esa mente cortoplacista y reduccionista que no puede prever el futuro que trae este gobierno entre manos. Hay quienes son tan ignorantes que ni siquiera comprenden (ni les importa) lo que la señora Presidenta dijo en su primer discurso, ni cómo esas palabras van a socavar sus propias vidas.
Pero, sobre todo, me indigna la gente que, teniendo acceso a educación plena y una posición económica privilegiada, le entregó su voto. A ellos son a los que menos entiendo y a los que, sinceramente, no quiero cerca en mi vida. Puedo llegar a comprender a la persona sencilla, que ha pasado por carencias y cuyo nivel educativo es bajo… pero a los otros no. Esos son los verdaderos responsables; esos son los que, teniendo las herramientas para ver el peligro, decidieron ignorarlo.
Me encantaría estar equivocada. De verdad desearía que el tiempo me desmienta. Pero hoy no estoy ahí. Hoy no es el día para el positivismo.
Lo que siento es una profunda necesidad de tomar distancia de una sociedad que no reconozco. Mi derecho a decidir lo ejercí en la urna, pero mi derecho a sentir decepción y a temporalmente, no querer saber nada de este nuevo país, lo ejerzo ahora mismo.

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