Hoy cumplo seis meses

El 3 de octubre del 2025, desperté en el salón del hospital, tras un sueño profundo en el que me sumió la operación de la noche anterior. Luego de dos semanas de dolor intenso, de no dormir, no comer, no tomar agua; de llorar hasta caer dormida y caminar jorobada por los pasillos de Oncología de Mujeres, soportando dolores que, pensé que no era posible resistir, volví al quirófano.

¿Por qué, si siempre me he desmayado ante el dolor, esta vez no lo hice?

¡Desmayate! ¡Así no sentís esta mierda que estás sintiendo!

¿No dicen que el cuerpo pierde el conocimiento cuando el dolor es demasiado intenso? El mio lo era, los doctores al principio no lo creían, pero con el pasar de los días, se dieron cuenta que algo andaba mal. Ahí fue como, el 2 de octubre tuve la segunda operación; esta vez para estirarme los intestinos que estaban atrapados.

Desperté viendo una figura humana, que creí producto de mi imaginación. Por suerte esa persona que decidió ir a visitarme sin mi consentimiento, no tardó mucho en irse. Me encontró en mi momento mas vulnerable, aun con cierta inconsciencia. Como tantas otras veces hizo en su vida, pensó en él y en lo que él quería; en satisfacer su deseo, en suplir su necesidad, sin que mi voluntad importara. No puede ser que me esté despertando y lo primero que tenga es un colerón, pensé. Pero tras unos minutos de introspección, entendí tanto de mi vida, de lo que he aceptado y sobre todo, del por qué. Digamos que fue un “aha moment”.

Han pasado seis meses desde esa cirugía, ya tengo otro color de piel, otro semblante. Mi herida en el abdomen ya no se ve oscura, es clarita. Logro comer muchas cosas, hago ejercicios casi todos los días, me quitaron la faja que anduve por 5 meses. Mis citas médicas van bastante bien, tengo músculos en los brazos, y fisicamente, puedo decir que todos los días me sorprendo de como, el cuerpo es una maquina de recuperación.

Lo que falta es que mi mente se recupere también. Antes decía que tuve cáncer en un abrir y cerrar de estómago. Como si fuera algo físico, pero no lo es. Si, “el bicho” lo sacaron, pero la herida emocional permanece; supongo (o quiero pensar) que en algún momento se irá, pero por ahora el miedo, sigue presente. Estoy muy sensible y lloro por todo, no puedo ver agujas ni en las películas, veo sufrimientos y me duelen como si fueran míos. Tengo miedo a volver a enfermar, miedo a tener cáncer, miedo a volver a un hospital.

Si, ya lo peor pasó: no estoy en un hospital, no tengo dolores horribles, no tengo cáncer. Pero quedan secuelas emocionales y psicológicas, esas que no son tan observables cuando vas por la calle o cuando compartís con tu circulo social, pero ahí están. Lo importante -diría Gabor Maté- es que el trauma no es lo que pasó, sino lo que sucede dentro, como resultado de aquello y eso… se puede resolver.

Sueño con el día en que llegue el dos de cada mes, y ya no recuerde que “han pasado tantos meses, desde que me operaron”. Por ahora sigo contando los meses. Pero no desde el miedo o la tristeza, sino desde la felicidad de verme mejor, de sentirme mejor… el miedo salta, pero no cuando estoy conmemorando los avances que he tenido durante el tiempo.

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