Diciembre 14.2025
Estuve hospitalizada un mes y una semana.
Quise seguir escribiendo lo que pasaba cada día mientras estuve allí, pero es difícil. Primero, por lo doloroso que fue y segundo porque precisamente por eso, recuerdo poco. Mi cerebro estuvo en modo sobrevivencia y hoy, dos meses después de haber salido, aun tengo muchos vacíos de lo que pasó. Tengo lo que se llama, estrés post traumático y aun no me atrevo a recordar muchas cosas, porque hacerlo es revivir los peores momentos de mi vida, los peores dolores de mi vida y no fue por el cáncer exactamente, aunque causado por él.
Llegué al hospital el 12 de septiembre, me operaron el 17. Me hicieron una laparoscopia para quitarme el estómago por completo y luego de eso comenzó el calvario.
Como toda operación, existe el dolor de la recuperación, sobretodo los primeros días, a pesar de la morfina. La cirugía fue un éxito y era cuestión de una semana para que estuviera de vuelta en casa. El problema fue que, el dolor no se iba y más bien, comenzó a incrementar.
Caminaba por los pasillos desde el día 1, para “canalizar gases” (forma poética de decir tirarse pedos); iba jorobada caminando por los pasillos, sosteniéndome del “gigante” (palo que tiene todas las medicinas que te conectan a la vía) . Tenia cero ganas de caminar, pero era obligatorio hasta que canalizara los putos gases… lo cual nunca pasó.
Todo se complicó, los dolores no cesaban, los pedos no salían; me pusieron una sonda nasogástrica por muchos días, no se cuanto (trauma hospitalario #1) y fue la única forma de apaciguar el dolor. Me hacían exámenes de sangre a diario, rayos X de día de por medio y por último un TAC que, evidenció que mis intestinos estaban hechos una pelota (oclusión intestinal) y no iban a permitir que saliera nada de ellos. Fui operada de emergencia, horas después de ese TAC. Me rajaron la panza completamente, para salvar mi vida (trauma #2)
He contado esta historia unas cuantas veces ya, pero escribirla duele; porque aunque no me acuerdo de la sucesión de eventos exactamente, escribir que esta nueva operación ya no era por un cáncer, sino para salvar mi vida por otra cosa, me desmorona.
Salí de mi segunda cirugía y aunque todo me dolía, estaba positiva de que ahora si, ya iba a mejorar la cosa y saldría rápido de ese lugar. Pero la vida tenía otro reto preparado… (trauma #3) una semana después de la operación, me entró una bacteria llamada clostridium. Si, qué putas es esto!
En ese momento ya perdí toda esperanza, fue demasiado. Pensé: entré por una cosa y voy a quedarme aquí por otra. Entré en el modo más negativo de todos; lloraba pensando en qué más iba a pasar, en mi mamá, en mi familia, en mi futuro.
Me encerraron en un cuarto donde nadie podía visitarme, los enfermeros y enfermeras entraban vestidos como astronautas, y yo… tenia que valerme por mi misma, sola, para prácticamente todo. Me sostuve mucho de las palabras de mi ángel hospitalario: usted va a salir de esto a pura actitud, necesito que sea fuerte, que se levante, camine, que piense en el futuro y en vivir.
Una semana después, llegó la luz y logré salir del hospital. 🙂

Leave a Reply