Sí, corrí una carrera de 5k en Ottawa
Not today cancer, not today
Esa fue la frase que vi, mientras caminaba hacia la salida de mi primera carrera de atletismo. La primera de esta nueva vida.
La historia se remonta a marzo, cuando decidimos ir a Canadá a pasear y a que mi madre corriera una media maratón. Le comenté a mi entrenador si veía posible que yo pudiera correr 5 kilómetros. Su respuesta fue: “Pues intentemos a ver qué pasa”.
Para entender el tamaño de la locura, hay que volver a noviembre. Desde ese mes he estado yendo religiosamente a fisioterapia. Cada dos semanas revisábamos mi entrenamiento de pesas, el cual empezó con ligas y mancuernas que me costaba un mundo alzar. De noviembre a enero el foco fue poder tener una vida normal en términos de movimiento, sacar a Avana (mi perrita) a caminar y levantar cosas en la casa sin miedo.
En ese momento, la fisio y el entrenador me decían que, con suerte, podría correr 5k a finales de año. Tenía que recuperar músculo, que era la única forma de subir de peso.
En Febrero empecé a trotar suavecito: un minuto de trote por dos de caminata, durante unos 15 o 20 minutos. Mientras tanto, las pesas cada dos semanas iban pesando más. Mis brazos empezaron a cambiar y a notarse un poco más marcados.
Ya para marzo estaba trotando dos minutos y uno caminando. Así que cuando dije que quería hacer la carrera, empezamos a medir tiempos, frecuencia cardíaca y a aumentar los minutos y el pace. En abril, mientras estaba en Santa Teresa, me di cuenta de que SÍ podía correr 4k a un buen ritmo. Ahí sentí la confianza y decidí inscribirme en la carrera de Ottawa. No lo había hecho antes porque no estaba segura de lograrlo, pero allí fue cuando sentí el “SÍ” dentro de mí.
No le dije a nadie, solo sabían las personas indispensablemente necesarias. Decidí que fuera una sorpresa. Me costó mucho guardar el secreto y solo contar que estaba entrenando más, que levantaba más peso y que iba trotando al suave.
El día antes de la carrera, mientras caminábamos por las calles de Ottawa recién salidos de una patisserie, le solté la bomba a mi familia. Hubo cierta confusión y silencio.
En la tarde fuimos a recoger los números a la feria de la carrera. Mientras hacía esa fila, quería llorar mucho. Era demasiado emocionante saber dónde estaba y lo que estaba por hacer. Es más, escribo esto y se me vuelven a salir las lágrimas. Contuve el llanto lo más que pude, hasta que volví a ver a mi mamá y vi que las dos teníamos nuestro respectivo número. Ahí nos abrazamos y nos pusimos a llorar las dos, sin poder parar.
Y es que… esto es muy fuerte. En octubre, cuando fui a la nutricionista, caminaba jorobada, dando pasitos cortos, débil, con mucho dolor y sin fuerza. En noviembre, mi brazo no pudo alzar una pesa de 1 kg; no podía acostarme boca abajo y mucho menos hacer la postura de “la cobra” porque mis brazos no aguantaban el peso de mi tronco.
HOY, me puse las tenis y a las 4:00 p.m. del 23 de mayo de 2026, solo 8 meses después de haber sido operada y contra todos los pronósticos… corrí los primeros cinco kilómetros de mi nueva vida, a una temperatura de 13°C.
El frío era tal que necesitaba correr más rápido para calentarme, pero había tanta gente que no podía avanzar como quería. Al ser una carrera familiar, había niños y padres con coches, así que tuve que tener paciencia. Pude abrirme paso luego del kilómetro 2 y, de ahí en adelante, fue como si nada hubiera pasado en mi existencia. Como si lo normal en mi vida hubiera sido siempre correr carreras, sin pensar en si me iba a sentir mal o si tendría que parar.
Sabía que caminar era una opción si sentía el más mínimo cansancio. Mi entrenador me lo había dicho: “Usted de que llega, llega, aunque sea caminando”. Mi meta era tardar entre 35 y 40 minutos. La carrera no era para hacer tiempo; era para llegar bien y lograr un reto que parecía lejano hace apenas unos meses.
En el kilómetro 3, me acordé de una conversación con mi entrenador:
—Sebas, ¿se acuerda cuando usted y Shirley me dijeron que iba a poder correr 5k tal vez en diciembre?
—Sí. Sepa que todo esto es posible por usted. Yo solo hago los programas por semana; usted es la que se tiene que levantar todos los días, aunque le dé pereza, haga frío o tenga sueño.
En el kilómetro 4, miré el reloj y me di cuenta de que llevaba unos 26 minutos (¡WTF!). Aunque sentía mucho frío en el pecho y cansancio, sabía que podía ir más rápido. Así lo hice. Cuando vi que faltaban 300 metros para la meta, salí volando, rebasando a todos los que iban adelante.
Al cruzar la meta, me puse a llorar. La agitación era por el llanto, no por el cansancio; tenía demasiada adrenalina para estar cansada. TREINTA Y UN MINUTOS. No lo podía creer. Quedé en una especie de shock por unos minutos, caminando hacia la salida, completamente sorprendida de mí misma. No lo podía creer! ¿En serio? ¿treinta y un minutos???
Desde un puente, vi a mi familia gritando y celebrando. Ese era el regalo que me faltaba para terminar de disfrutar y agradecer este momento.
Así que sí… NOT TODAY, CANCER. Y hoy lo celebro corriendo los primeros 5k de mi nueva vida.

Leave a Reply